El primer libro que publicaré será:

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lunes, octubre 23, 2017

Entrerríos, más que leche

Entrerríos, más que leche

Autor: Iván de J. Guzmán López
25 marzo de 2017 - 12:06 AM

Presenta su manojo de cuentos, en perfecta armonía y convivencia pacífica con un apreciable conjunto de poemas


Entrerríos es uno de los municipios más bellos del norte de nuestra Antioquia, a escasos 60 kilómetros de distancia de la capital. Su paisaje, hecho de breves y tersas colinas, que se juntan suavemente hasta formar unas abras por las cuales corren alegres y gárrulas las aguas del Río Grande, el Río Chico y la quebrada Torura, es de extraordinaria belleza y tal fertilidad, que ha dado pie para que se le asigne el bello mote de la Suiza colombiana.
A su vocación lechera, producto de sus tierras feraces, sus bien manejados hatos lecheros y el empuje del doctor Jenaro Pérez Gutiérrez, por muchos años al frente de la Cooperativa Lechera de Antioquia, Colanta, debemos agregarle una buena cosecha de periodistas, poetas y escritores, con Francisco de Paula Pérez Tamayo, nacido en 1891, a la cabeza. Entre esos periodistas, poetas y escritores, quiero referirme al joven Luis Fernando Gil Monsalve (Entrerríos, 1987), quien, en diciembre de 2016, nos presentó su libro bifronte (mitad cuentos, mitad poemas), con el curioso título de El Pene de las ánimas del purgatorio. Debo decir que, como en pocas oportunidades ocurre, el texto presenta su manojo de cuentos, en perfecta armonía y convivencia pacífica con un apreciable conjunto de poemas que, sin descuidar su cohesión temática y estética, airea nuestra literatura. En ellos  (cuentos y poemas), se festeja la narración, la añoranza, la calle, los personajes singulares y la vida simple y llana que se vive en nuestra aldea, en este caso, la aldea del idílico Entrerríos. Como afirmaban los maestros rusos: “Pinta tu aldea y pintarás el mundo”.
Digamos, para referirnos a la obra de Gil Monsalve, que la palabra que mejor define la característica sustancial del cuento moderno, es: “síntesis”. Esta característica ya fue explicitada por el escritor antioqueño Mario Escobar Velásquez (fallecido en el año 2007), cuando, en su Antología comentada del cuento antioqueño, dice: “El cuento moderno, el cuento que ahora se practica, puede ser definido con mucha propiedad con una sola palabra, que sería: “síntesis”, en todos sus órdenes. Atiende a una sola historia metida en un entorno único; conserva a todo su través de un solo tono, y se aferra casi exclusivamente de un solo personaje. Si aparece más de uno, o son de necesario apoyo al primero, con lo cual se hacen parte suya, o sirven para sustentar la historia, lo cual es más de lo mismo”. Y agrega:
“Entendemos por “síntesis” la carencia absoluta de postizos o agregados. En el buen cuento contemporáneo cabe agregar que lo que no es absolutamente necesario sobra de necesidad, así por sí mismo sea hermoso o interesante: si no está cumpliendo una función específica, sobra. Y malea. Muchos que debieron ser buenos cuentos se frustraron de adiciones”.
Esta síntesis, y las características definidas por el citado narrador antioqueño, son rotundas, precisas e inobjetables en los cuentos: Un beso sin pecado concebido, con el cual abre el libro, o en  La Misión de la guayaba, y así en Esperanza de vida entre la muerte, hasta agotarlos. En general, son cuentos precisos, de no más de cuartilla y media, donde el personaje fundamental se recrea en la historia y tan sólo lo acompaña otro personaje adicional, máximo dos. Sin duda, estos hacen gala de una factura impecable, una síntesis exquisita, un tratamiento delicado y preciso de la temática y un estilo sobrio, que delata al buen narrador.
Creo que en estos cuentos, el escritor entrerrieño sale bien librado de la advertencia que sobre los cuentistas y el cuento, escribió Julio Cortázar: “Incurren en la ingenuidad de aquél que encuentra bellísimo a su hijo, y da por supuesto que los demás lo ven igualmente bello. Con el tiempo, con los fracasos, el cuentista capaz de superar esa primera etapa ingenua, aprende que en literatura no bastan las buenas intenciones. Descubre que para volver a crear en el lector esa conmoción que lo llevó a él a escribir el cuento, es necesario un oficio de escritor, y que ese oficio consiste, entre otras cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aísla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento, volver a conectarlo con su circunstancia de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa”.
Se advierte en esta narrativa, a lo largo de su lectura, que está llena de vitalidad, brevedad, y precisión responsable y sutil; y en ella se mueve cómodamente la anécdota. Una anécdota que se va transformando en pensamiento y que termina en risilla perspicaz, ante la evidencia de la ironía; ante la acidez con que se cierra cada texto. Llegando a la deliciosa carga de poemas, encontramos que, en: Adiós, y Promesas de amor en el más allá,  se advierte una lírica sencilla, sobria, natural,  que nos recuerda al gran Juan Ramón Jiménez, por citar uno grande.
Bienvenido, amigo  Luis Fernando; bienvenida su literatura, que agrega pétalos a la añeja  esencia narrativa y poética de nuestra Antioquia y de Colombia.

Tomado de:
http://www.elmundo.com/noticia/Entrerriosmas-que-leche/48989

lunes, marzo 28, 2016

El juicio mortuorio de la noche oscura


Sucedió de la siguiente forma. O así lo recuerdo... ¿quién pudiera evadir las limitaciones de los intereses y sentidos en una noche, frente a un cleptómano?

Una luna incipiente se perfilaba al occidente de la ruta Medellín-Río Vivo. Un aire brioso entraba al transporte por ventanas semiabiertas, puerta y hendiduras del chasis. Traía un frío olor a azahar. Perfume que recordaba otras noches. Más tranquilas y felices.

Pasajeros parados y sentados miraban por las ventanas evadiendo las miradas de los otros desconocidos en los que desconfiaban. Ventanas cargadas de anécdotas de campesinos que toman cerveza y ríen con sus coterráneos; vidrios de smartphone que muestran otros mundos y posibilidades... quizás más interesantes que sus propios pensamientos.

Los juicios lúcidos elucubrados ya habían perdidos su lumbre, una opresión foránea reinaba en el micro ambiente del bus. El fosforito de la luna estaba oculto. Transitábamos montes espesos y densos que bien podrían alimentar las imaginaciones más perversas y coprológicas de la comarca, o las de Transilvania. Un vaho fétido exhalaban las aguas podridas de la represa que divide tres pueblos de la zona, creando un sinfín de historias que van y vienen en las mentes de los rioviveños.

En aquel instante en que la noche no puede ser más negra ni las almas más pecaminosas y condenables, un grito que hiela la sangre, como los de la llorona en toda nuestra América, o los de un alma en pena fallecida en la mortuoria que yace bajo las aguas heladas y nauseabundas de la represa, quebró el silencio apabullante:

-¡PRENDAN LAS LUCES! HAY UN LADRÓN! Era una mujer joven, de esas que se casan jovenciticas y que prácticamente  juegan con muñecas mientras aprenden a amamantar hijos y a cuidar maridos. Dos ojos verdes refulgen ante la silente y expectante asamblea. Finiquita con un gutural y cantado VEEEEEE! AAATREVIIIDOOO! Parecía una felina que cuida a su cachorro. Aunque su cría era un teléfono inteligente.

El conductor paró en seco luego de encender las luces. 

-¿Qué pasa pues? Preguntó el chofer. Todos los rostros miramos a los puestos de atrás con gran expectativa, escaneando como jueces al vándalo timador.

-¡Ese señor me tenía el celular... se lo tuve que sacar de la camisa! Señaló la rubia criolla ante el improvisado jurado. Se podían oír las respiraciones. Quizás el conductor no tenía música puesta por lo de Sayco y Acimpro, yo qué sé.

-Luisfer, hubieras grabado con la tablet la escena. Me dijeron los Alex, cuando les relaté esa noche el episodio. No acaté, les dije, recuerdan que en las fiestas del paisaje me iban a acuchillar por filmar la trifulca que se armó, que hasta salió en las noticias.

Pero volvamos a lo del hurto: Leidy Tatiana o Katy Yulieth. Como quiero llamar a mi personaje, la robusta amazona que se le lanzó a la camisa al cleptómano se cambió de puesto ante el silencio de los oyentes. 

-¡Yo me encontré el celular tirado en ese puesto! Justificó ese Hitler imaginado. 

Esa respuesta, maquiavélica y todo, nos bajó de la nube platónica en la que andábamos. No había un asesino armado en el carro ni esa chorrera de divagaciones preocupantes.

-Señor conductor, deje las luces prendida hasta el pueblo. Sentenció Katy Tatiana. ¡UNA NO SABE!

Como jurados, víctimas y victimarios, jueces y parte en el conflicto llegamos a Río Vivo con una anécdota más para contar. 

-Así fue muchachos! Tomé un sorbo tibio de capuchino, respiré profundo y un hálito cálido formó un espiral incandescente que me sublimó el espíritu.

martes, abril 01, 2014

NOVEDADES EN EPICENTRO, COMUNA 10 EN MOVIMIENTO, CENTRO DE MEDELLIN

Adicional a la crónica del Chamán de Jesús Nazareno (pág. 4), también sale esta semana una historia sobre el último Chagualo del barrio del mismo nombre (pág. 11).
No te lo pierdas!


Pendientes pues que esta semana sale mi crónica sobre el Chamán de Jesús Nazareno!

Esta es una muestra, no está COMPLETA! OJO!



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sábado, octubre 05, 2013

Tertulia sobre un pene y las ánimas del purgatorio



-¡Los hombres son unos perros!; en los pueblos, creen que todas las viudas son unas prostitutas. Las persiguen los solteros y hasta los casados –me dijo Isabel mientras se limpiaba una lágrima que corría por su mejilla, inquiriendo: ¿Se me dañó el maquillaje? Hablaba con el corazón en su mano, mientras Dora y yo sentíamos la conexión de las almas cuando se abren y entregan todo su amor.

Éramos tres espíritus que departíamos en una noche mágica bajo la luz natural de las estrellas y las galaxias; y en el fondo se perfilaba la Iglesia, iluminada por luz artificial. Ese morado azuloso que reflejaban sus ladrillos contrastaba bien con los verdes y amarillos que iluminaban las luces del parque principal. Estábamos bajo la sombra de un magnolio de flores blancas que parecía estar pendiente de nuestra tertulia, pues esas flores grandes, esponjosas y olorosas son admiradas por quienes visitan ese terruño; pocos lugares pueden contar que les haya prendido un magnolio al frente del Templo Parroquial. Incluso hasta dos perros callejeros, al percatarse que las arepas de chócolo con ensalada y el chorizo de Dora no eran para ellos, optaron por sentir algo de ese calor humano que transmite una voz cálida y parecía que respiraban al unísono de la conversación.

Magnolio de Entrerríos


Muchos años atrás, en un frío municipio cercano a la meseta de los osos, al norte de Antioquia, se mecía un gran yarumo blanco sembrado en el parque principal de este lomudo y fabuloso municipio. El viento parecía jugar con sus hojas mientras una luna plateada reflejaba todo su esplendor. Sus hojas grisáceas determinaban un sinfín de características que daban a la región todo el encanto y la magia de los pueblos antioqueños. Aquella noche umbría auguraba sólo malos presagios para la familia Rodríguez López. Esa noche enviudó su madre y con gran tesón y sufrimiento sacó adelante a sus cuatro hijos.

Los yarumos fueron testigos de las incontables veces que tuvo que levantarse Aliria a las 4 de la mañana para lavar ropa ajena con el fin de sacar adelante a sus hijos, pagarles comida y educación, desgastarse su vida y juventud bajo la compañía de la lluvia y un par de turpiales. Varias noches a la semana, también bajo la sombra de los yarumos se quedó hasta altas horas de la noche barriendo la calle para llevar algo de comida extra a su humilde hogar.


http://poesiadiamundial2q.blogspot.com/2013/06/yarumos-texto-de-julian-chica-cardona.html

Sí los yarumos pudieran hablar la hubieran advertido la noche que bajo su sombra grisácea y plateada dos borrachos hablaban de negociar su celo y maternidad. Uno de ellos fue más allá y quiso pagarle por mercancía que Aliria no vendía y que definitivamente impactó a Isabel aquella noche, cuando era apenas una niña. Llegó a su casa a las afueras del pueblo aquel malicioso borracho con las hormonas alborotadas tras degustar cervezas y aguardientes. No era el primer hombre que asociaba viuda con mujer libertina y que quería satisfacer su sexualidad como fuera. Llamó a la puerta con alevosía y la madera de comino reflejaba bellamente la luz de la luna y las estrellas, pues recién habían cortado la electricidad por exceso de pago a la familia de Aliria. Al ver que no respondían y notando una hendidura en la puerta introdujo su miembro viril por ésta mientras que gritaba solicitando servicios que no le iban a ofrecer. Esta imagen conmocionó a una niña de 7 años que se escondía bajo las enaguas de su madre.

-¡Ánimas benditas! ¡No me desamparen y por favor cuídenme de estos hombres! –Gimió escondida Aliria mientras veía esa escena por primera vez en su vida. Nunca antes ninguno de los tantos hombres que la pretendían y le insinuaban que dejase de lavar ropa ajena y de barrer la calle por hacerles favores sexuales se había atrevido a tanto.

Inmediatamente invocó a las ánimas con mucha fe se escuchó un montón de gente caminando por la carretera como próximos a aparecerse en su casa y el borracho al pensar que estaban llegando los vecinos de Aliria salió como alma que lleva el diablo.


Cuenta Isabel, con todo el respeto del caso, terminando de morder su arepa de chócolo con ensalada y salsas, que cada vez que un hombre llegaba a su casa con esas intenciones su santa madre invocaba a las ánimas y éstas se manifestaban con ruido, pasos y voces, para ahuyentar a todo aquel que quisiera sobrepasarse.
El día de la inspiración...

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jueves, enero 31, 2013

MI PRIMER POEMA EN AÑOS...


Recordando el día en que supe distinguir un poema de una lista de mercado...


¡Ay amigos de mis pubescencias! ¡Cuánta falta me hacen!



Me gusta estar conmigo mismo,
en la brevedad del amanecer de verano,
protegido por la oscuridad sonrojada
ante lo inevitable de la mañana.

Ver la montaña perfilada
e imaginarme un poderoso sol
ante el silente valle,
latente por ser tibiado.

Las montañas enteras titilan tal luciérnagas
con sus barrios cuajados de construcciones,

allá alto en la cumbre difuminada y esbozada

un arco iris turquesa tiembla por mostrarse.

Muy profundo en las fauces del gran valle
me hallo sentado en un balcón... inmutable,
bebiendo una taza de café: mudo,
y de tal hervor de sangre: absorto.

Las pequeñas golondrinas surcan los cielos
con tal pasión que vibran...
mientras un cielo acuarelado,
renace en mí el alma de poeta.

Qué misterios tan recónditos
se esconden en la perfección del círculo,
una media luna creciente junto a una estrella
mueren en el intento de alumbrar más que el sol... por hoy.

Mientras tanto, yo aquí en el call center
rememoro este dulce amanecer,
mientras atiendo clientes y cotizo viajes
en este día exacerbante de belleza sin igual.
Iluminado por radiación artificial,
conectado al teléfono cual cordón umbilical,
con aire acondicionado, sintiendo frío
para ganarme el pan de cada día.


Como ya no tengo tiempo para dármelas de poeta (están entrando llamadas más seguido, los lapsos entre llamada son muy cortos para emocionarme, pensar, conectar palabras), la prosa sí es más permisiva y me autoriza a recordar con vívida memoria los tintes morados, rojizos, como piedras preciosas que se dieron contrastando con el azul insondable del cielo.

¿Será que lo hice bien? Espero sus comentarios...


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viernes, agosto 24, 2012

HISTORIA DE UN CAFÉ



HISTORIA DE UN CAFÉ



Era primavera en Holanda. El clímax de la estación más feliz del año hacía vibrar cada ser vivo de este pequeño poblado a las orillas del Amstel. Los pájaros pasaban enérgicos y entonaban sus mejores trinos. Las flores y las hojas se vestían de los colores más llamativos y encantadores que su naturaleza podía proveer.

-Elizabeth, ¡qué rico sabor tiene este grano de café! Le dijo Joseph, en holandés, a su esposa mientras masticaba con todos sus sentidos un grano de café colombiano, llenándose de éxtasis, esperando que estuviese lista la libra de café que había tostado manualmente –cosa que lo llenaba de orgullo. 

-A ver, J. Déjame probar. Hum… juraría que este grano en especial me transporta a otro lugar. ¿Qué diera por conocer la historia de su procedencia?


***
Hay en Colombia un departamento que provocó la Colonización Antioqueña hacia el sur de sí mismo, pasando por Caldas, Risaralda y Quindío, proceso similar a la ocurrida en la colonización del oeste norteamericano. En esa estela de historia y tradición hay dos pueblitos perdidos en las montañas: Andes y Ciudad Bolívar. Hay veredas tan lejanas y distantes que la sombra de la liofilización no ha llegado aún, y dudo que lo haga... Hace poco menos de 25 años un campesino humilde y trabajador fue echado con toda su familia por un grupo alzado en armas. Lo único que quedó de las pisadas de los “Guerra” tras el genocidio e incendio de sus parcelas fue una boñiga fresca a la que le cayó un granito de café, el cual pasó a ser un enorme y aromático arbusto.

Y aquí entro yo, el narrador de la historia, varios años después. Tengo una remembranza de la niñez en los límites con la imaginación. Lo que más me extraña es que hoy más de 20 años después de aquel suceso aún lo recuerde, cuando las moléculas y átomos de ese niño que presenció los hechos ya han recorrido varias veces el mundo, misteriosamente el recuerdo prevalece la materia. ¿Qué lo almacena entonces? Sin embargo, esta pregunta no es el objeto de este relato.

Mi papá y su compañero tractomulero nos invitó junto con familia y amigos a un viaje hacia la costa.  Esa noche creo que no dormí de la emoción. No obstante, en la cabina de la tractomula, al otro día, no cabíamos tantos acompañantes así que decidieron que los niños íbamos para el remolque "vigilando" la carga. Los detalles de este viaje tan especial se funden con otras vacaciones en la mula de mi papá. Nos compraron un perezoso bello, exótico y en extinción; obviamente, en esa época no recuerdo que tuvieran derechos los animales, o sí los tenían, no me importaban. Me alegra la forma en que lo alimentábamos sobre las cargas de café: echándole agua con un pitillo al que tapábamos con un dedo la parte superior luego de introducirlo en una botella. Sus garritas perezosas y ensoñadoras nos abrazaban con dulzura. El viento entraba con mucha fuerza dentro de la carpa. Pasadas las horas no nos molestaba la vibración en exceso y el ruido de tantos carros. Era delicioso acostarse, echarse de lado y sentir con el cuerpo las fibras sueltas de las cargas de café. Bajo nuestros pies algo olía delicioso.  A nuestra derecha veíamos el gran río que nos acompañaba hasta el atardecer, pero algo crecía dentro de nosotros. 

Pasaban las horas y mi vejiga no paraba de crecer. No teníamos forma de informarles a los de adelante que queríamos miccionar. Así que contra todo pronóstico decidí aventurarme a lo desconocido, introducirme en las sombras de la parte de atrás del camión. Y en un momento de frenesí, con todas mis fuerzas expulsé de mi ser lo que sobraba, lo que no quería, lo que me angustiaba. Un polvo que tenían las cargas de café se levantó y mis líquidos se juntaron con el grano.

Yo me distraje de aquel magnífico acontecimiento porque un mico que se había montado en el camión estaba hurtando mangos y yo quería tocarlo. Ese acontecimiento provocó que un par de extranjeros disfrutaran una mañana primaveral europea de un café tropical. Así como mis fluidos, en su eterno peregrinar cíclico hoy se disfrutan en Europa, o en una realidad alterna desconocida, esa misma circularidad de la energía y la materia seguramente me llevará a una primavera a Europa.


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