El primer libro que publicaré será:

miércoles, diciembre 04, 2013

Invitación a ver nuestro Documental

Hola!
Les recomiendo este documental muchísimo.
Se trata de un trabajo que elaboramos en el marco del Seminario de Documental de las Ciencias Sociales, dictado para los estudiantes de Historia de la Universidad de Antioquia.
Asesorado por Oscar Estrada.
Ese trabajo hace parte de la Selección Oficial del Concurso de Comfenalco "Antioquia, para verte mejor", 2013.
Esperamos contarles próximamente que somos ganadores de la categoría.
Un abrazo, espero sus comentarios,




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jueves, noviembre 21, 2013

ENTREVISTA A LAS 12 M

Buenos días!
Eran 3 repeticiones de mi entrevista, pero ya van 5; así que los que faltan por escucharla los invito a entrar mañana jueves 21 a las 12 meridiano a
www.laonceradio.fm


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jueves, noviembre 14, 2013

PRIMER CAPÍTULO DE LA NOVELA ÁDDELOS MAGNOMÉ Y LA PIRÁMIDE SOLAR

UN CAMBIO INESPERADO



Ya la noche cobijaba con su frío interminable y abrumador el sitio donde habitaba Áddelos. Estaba sentado en la silla de cuero café que había comprado hacía un mes.

Su rostro no mostraba vida. La luz que meses antes irradiaba a sus amigos, ya no estaba, parecía estar oculta en el rincón más escondido de sus sueños. El vigor y la fuerza de un joven de catorce años, estaba lejos, lejos de su vida.

La tristeza se escondía en la infinita pureza del agua que humedecía sus ojos, en el sentido de la vida y de la belleza. Para Áddelos nada tenía sentido. Por más que intentaba reír no podía, no lograba conciliar el sueño. Todo tendía a salirle mal.

―¡Áddelos!, baja a comer —dijo la abuela.

―Bueno, abuela.

Áddelos Magnomé bajó al comedor por las escalas de roble —debo aclarar que eran las más hermosas de todo el país, pues estaban hechas con los instrumentos más raros conocidos por cualquier humano, traídos de mundos diferentes—. Comió y se fue para la calle.

***

Las últimas sombras  de la noche y los primeros tintes de la aurora, se juntaban con los estados del alma de Áddelos.

Áddelos era un joven de catorce años de edad —como lo he dicho anteriormente―, recién cumplidos, tenía ojos cafés claros y un notable cabello negro oscuro. Lo que más lo hacía diferente de todas las personas era su afición por lo sobrenatural. Cada vez que él y sus amigos hablaban de brujas, duendes y otros personajes de la imaginación, ninguno superaba su habilidad para narrarlas, añadiéndoles retoques de magia y miedo.

A pesar de que su razón y brillante inteligencia le decían que no existe la magia, un no sé qué en su corazón se oponía a esta visión.

Sus abuelos, los Magnomé, eran personas que conservaban todo lo de la familia. Y además de tener baúles y habitaciones bajo llave, guardaban grandes e inimaginables secretos sellados con magia. Áddelos no conocía tales cosas, si las supiera tal vez se volvería loco de remate.

―¿No crees Hermes... que nuestro nieto debe conocer todo lo que sabemos y guardamos? –dijo la abuela, interrumpiendo, como siempre, con esta pregunta al abuelo, que tenía un mal humor constantemente, por decir que era más fácil pasar a todos los seres vivos por el hoyo de una aguja de que el abuelo tuviera buen humor.

―¡No!, querida, aún no es tiempo ―exclamó Hermes―, debemos esperar que lleguen las rolas. ¡Ya te lo he dicho cientos de veces!

Las rolas eran pruebas que tenían los magos para comunicarle a alguien que podía acceder al mundo mágico. Las rolas, eran además, pequeños problemas o situaciones que tenían que aceptar con valor los novatos de magia: novas.

El abuelo de Áddelos se llamaba Hermes, era un hombre bajo de estatura, gruñón y muy canoso. Era todo lo contrario a la abuela Emma, alta ―veinte  centímetros de diferencia―, tenía un carácter amable, comprensivo y cariñoso, aparentaba ser joven.

La casa de los Magnomé era tan grande que hasta el mismo Áddelos no la conocía por completo. Tenía habitaciones ocultas y cerradas.

Sin saberse cómo, la radio se encendió. La serena voz del locutor decía: En las últimas semanas han desaparecido miles de gatos en todas las familias alrededor del planeta. La llamada es para que aseguren a sus felinos, si no los quieren perder para siempre. Estos hechos han causado gran conmoción internacional.

La radio se apagó.

Áddelos recordó que en el día de su cumpleaños estaba dando un paseo por la habitación de sus abuelos, cuando de pronto escuchó una voz que no provenía de ninguna dirección en especial,  y llenaba todo el recinto.

―"Tú misión se acerca, tómala en serio".

Esto lo petrificó, se asustó sobremanera y casi se desmaya.

―Abuela, el otro día en mi cumpleaños escuché una voz que me dijo: "Tú misión se acerca, tómala en serio".

La abuela sonrió de una manera, que por un pelo no se revienta de felicidad.

―¡Oh!, Hermes, ven aquí. ¡Nuestro nieto ya es mago!

―¿Qué...?, abuela, ¿qué dices? —dijo Áddelos, suspicazmente. Todo le daba vueltas.

―Querido... ¡que eres un mago!

Áddelos estaba bastante confuso. Tuvo una mezcla instantánea de emociones, sentía pánico y un porcentaje bastante alto de euforia, también estaba feliz. Un poco lento y retardado llegó el abuelo, se rascó la cabeza y sonrió ―esto de sonreír era raro en él―.

La abuela buscó en su bolsillo un objeto, sacó un viejo encendedor y se lo entregó a Áddelos.

―Toma hijo, este es tu propio teléholos. Con este aparato te comunicarás con nosotros en cualquier parte donde estés, dijo la abuela.

Áddelos miraba absorto, sin decir nada.

―Además sirve de encendedor, añadió el abuelo. Tu vida cambió para siempre, tenlo en cuenta.

Áddelos no sabía qué decir, las ideas habían huido de su mente. Era tan enorme su emoción que no podía aceptarlo y su alegría luchaba contra el temor.

―Necesito una prueba abuela, dijo Áddelos.

―Bueno, hijo, respondió la abuela, sólo tienes que pensar en algo con todo tu corazón y se cumplirá. No olvides añadir: "épythem kardía", que significa ¡Deséalo corazón! Esto también lo pueden hacer los prágmatos.  Desean algo con toda su alma y le ponen esfuerzo al deseo; el poco de magia que poseen les ayuda a alcanzar su meta. Las palabras sólo hacen de puentes en la magia, si te comunicas con tu yo interno y pides un deseo, es decir, piensas y quieres algo, ya el destino lo pone en tu camino. Las palabras mágicas son como para abreviar estos puentes y no tener que concentrarse tanto en expresar las ideas. Es así como existen personas muy inteligentes, que entraron a nuestro mundo, mediante la Teknée, por lo cual los llamamos teknokrás, cuya falla básica es su incapacidad para soñar y para amar las cosas. Por poco aniquilan nuestro mundo y fundaron su propio partido político. Pero, déjame decirte que su falla también es común en muchos prágmatos que se olvidan de amar y soñar.

―Te entiendo un poco abuela —respondió Áddelos confundido por completo, cruzó los brazos y siguió hablando—, es que no sé que son prágmatos.

―A ver... te voy a explicar –dijo la abuela sonriendo un poco―. Los prágmatos son aquellas personas ajenas a la magia, comunes... es decir... tus amigos y la mayoría de la gente que conoces.

―Ah, bueno. Te entiendo perfectamente. Intentaré volar: ¡epitacardo!

―¡No! así no es. Repite: épythem kardía

―Bueno abuela —respondió al instante Áddelos, creyendo que esta vez si iba a decir el hechizo correcto. Y estaba en lo cierto―. Lo intentaré: ¡épythem kardía!

Un zumbido como el de cientos de abejas se aproximó, aunque provenía de todas partes, lo sentía muy dentro. Áddelos estaba volando. Sus zapatos eran livianos como la luz, porque así como ésta no sentía la menor densidad.

―¡Huy!, ¡Estoy volando! ¡Abuela es fantástico!... no puedo explicar cómo estoy desafiando la gravedad —exclamó Áddelos, al cabo de un rato de estar tratando de mantener un equilibrio mientras que sus abuelos estaban estupefactos de la emoción y la ilusión de ver a Áddelos convertido en integrante de la dimensión mágica—. ¡Se siente muy bien!

El efecto sólo duró unos pocos minutos. Áddelos, más que nunca, se sentía libre, su imaginación volaba y trascendía la realidad cotidiana. Ya soñaba volando en el firmamento.

―Abuela... ¿pero aún tengo una duda?, ¿por qué al pronunciar las palabras mágicas no te elevaste?

―Cielo, es que nosotros somos muy viejos y ya manejamos muy bien la magia. Llevamos mucho tiempo perfeccionando todo con nuestros sueños.

Lo único que pensaba Áddelos era contarle a sus dos amigos lo que había aprendido, pero se desilusionó muy rápido.

―Pero ―la palabra pero, le sonó a Áddelos como una barrera imposible―, ten en cuenta que no debes utilizar tus poderes  delante de humanos prágmatos. Yo sé que tú eres un buen entendedor, siempre nos has regalado los mejores triunfos a mí y a tu abuelo. Por esto, jamás debes compartirlos con ellos. ¿Creo que entendiste?

―Abuela... ¿puedo enseñarlos a Camila y a Santiago?

―Poder sí... pero te meterás en un problema muy grave, respondió la abuela casi al instante de Áddelos preguntar. Leía la mente. En ese instante Áddelos se preocupó al pensar que tal vez la abuela supo cuando se escapó, con Camila y Santiago; sintió un leve movimiento de indisposición en el estómago. Más bien, ve a la biblioteca de tu habitación e investiga un libro llamado... mmm... ¡Hermes!, ¿recuerdas ese libro que te dieron hace doscientos años?, sobre novas...

―¿Doscientos años? interrumpió Áddelos, lleno de escepticismo ¿cómo así abuela?

―Es que tenemos la posibilidad de durar cientos de años. Me refiero a  todos los mágicos.

―¡Y novas! ―añadió el abuelo sin recibir preguntas por parte de Áddelos, cosa que hizo poner la piel de Áddelos de gallina―, es decir, novatos en magia.

―¡Abuelo!, me leíste la mente. ¿Cómo lo hiciste?

―Ya lo sabrás a su debido tiempo ―sugirió la abuela―. Ya recuerdo el nombre: "Hechizos y Conjuros para novas" por Urano Piñapal.

―Bueno, pero en mi habitación no hay biblioteca —respondió Áddelos, mirando hacia otro lado, porque su abuelo no le quiso decir cómo leer la mente.

―¡Oh, es cierto!, debes encender tu teléholos y decir: "biblio ya". Y recuerda que mañana viajaremos a Grecia, porque empieza el Festival Anual de la Magia y habrá de todo. Podrás conseguir amigos mágicos, habrá un concurso de poesía mágica, probarás los deliciosos gruñets y harás lo que quieras.

A Áddelos le pareció sonarle el concurso de poesía, puesto que era uno de los mejores poetas de su colegio. Había ganado el concurso de poesía ecológica y era un gran admirador del ambiente. La idea de concursar le daba vueltas por la cabeza y quería ganar.

La abuela traqueó sus dedos y dio una vuelta, ya no estaba. El abuelo hizo lo mismo y desapareció.

La gran casa lo miraba de arriba abajo. Todos los cuadros eran hologramas pulsantes, pero Áddelos no lo sabía. Incluso ignoraba que un holograma es una fotografía que sólo se hace visible cuando un rayo láser la ilumina, y que contiene en cada porción toda la imagen en forma tridimensional. Por arte de magia esos hologramas tenían movimiento y voz propia.

Además de tener una modernidad sorprendente, la casa era una típica construcción antioqueña, esto era evidente, pues el pilón y el machete del rincón, junto a la chimenea, lo demostraba.

Ahora Áddelos era un mago, además de saber volar quería participar en el concurso de poesía. Había leído muchos libros sobre magia, sabía de los duendes y de sus costumbres o eso creía. Por ejemplo, sabía que el sonido de un tiple ahuyentaba a los duendes.

―Y... ¿acaso sabes de magia? —preguntó una voz.

―¿Quién me habla? ―preguntó Áddelos―, no veo a nadie. Por favor conteste...

Áddelos movía su cabeza hacia todos los lados y no encontraba respuesta.

―¿Quién me habla? —repitió—. ¡Que por favor responda!

―Soy Áctis, dijo la voz.

―Mmm... por la raíz griega de tu nombre diría que eres un rayo de luz.

―No, deberías reconocer la voz de tu gato. Ven aquí... estoy bajo la chimenea. Encuéntrame...

Áddelos estaba sudando frío, tanto así que sentía la frente caliente. Siempre que veía a “Frondoso” —como se llamaba su gato— deseaba cargarlo y acariciarlo, pero esta vez dudó y no lo hizo. Áddelos tenía miedo de avanzar o retroceder. Pero un instinto lo sedujo a avanzar y dio el primer paso.

―No sabía que... que los gatos hablaban ―tartamudeó Áddelos―, ¿para qué quieres que avance?

―¡No tengas miedo, no te haré daño! Sólo quiero mostrarte algo.

Un chirrido felino se agregó a la conversación. Áddelos accedió a dar más pasos y llegó junto a la chimenea, al lado del machete de su Antioquia querida.

―Ya estoy aquí. ¿Qué quieres? No te puedo ver, quiero encontrarte.

―Bueno, Áddelos, tu nombre me recuerda la inteligencia de la magia. Yo soy un vocero de la dimensión de los gatos. Hace una semana una creación que no conocemos está arrasando con nuestro planeta. Miles de gatos han desaparecido, aunque creemos que están perdidos en alguna parte. Los bandidos exigen el Diamante de Adamantos a cambio de la supervivencia de nuestro rey. Tú has sido escogido por el gato más anciano de nuestro planeta y por los Cinco Pilares. Además no podemos dar el Diamante porque es el que da el equilibrio a todo. Imagínate, sin él, los árboles en el aire como en la dimensión mágica, las plantas caminando y todas las piedras pensando... eso sería catastrófico.

―¿Por qué me han escogido a mí? Porque si es por el saber yo no sé nada de magia.

―Eso sólo lo sabe el gato más anciano. Como te he dicho yo sólo soy el vocero. Y espero que me sigas pronto si no quieres una destrucción gracias a ti.

―Bueno... yo entiendo eso... ¿pero de qué forma ayudo? No tengo ni la menor idea.

―Pues... sígueme, debemos viajar a mi planeta. Si quieres le dices a tus abuelos que viajaste, utiliza tu teléholos.

―A ver... creo que tengo un pequeñísimo problema y es que no sé cómo se utiliza esto... teléholos.

Áddelos se encontraba en nerviosismo total. Lo que antes le parecía estupendo lo estaba asustando. Simplemente aceptó, y ya.

―No sé cómo se hace, pero he visto que tu abuela prende un interruptor y se comunica por medio de hologramas.

Áddelos intentaba presionar su teléholos y encontró un botón rojo entre tantos. Al presionarlo una imagen borrosa se le acercó, que luego de un par de segundos adquirió una resolución y una nitidez excelente. Parecía ser una operadora de aquellas que mostraban en la televisión. Vestía un uniforme color rosa con un gran signo en medio: "M&I".

―Hola jovencito, ¿con quién te vas a comunicar? ―preguntó la operadora, poniendo cuidado en tomar nota en lo que Áddelos pedía―, ¿Cuál es su número?

―Con mi abuela, respondió con prisa Áddelos.

―Jóvenes de hoy... no saben que hacer, te pregunto entonces por su nombre.

―Emma Magnomé.

―Espérame... ya busco en el archivo...

―... Emma Arango, Londoño... Lorgia... Magnomé... aquí está. Comunícate con ella. Gracias por utilizar Teleintelectus.

La abuela se le apareció en pequeñas partículas de colores diferentes, aunque nuevamente la imagen recobró una alta resolución.

―Hola, hijo —saludó la abuela— ¿Cómo has estado?

―Muy bien abuela. Quería decirte que me voy para la dimensión de los gatos.

―¿Y a qué te vas a ir? preguntó la abuela.

―Voy a salvar el planeta de los gatos.

―Ah... ¿ya estás jugando al mago salvador de vidas? Veo que pronto serás un importante integrante de la dimensión, ansío el momento de verte graduado... Ese es un buen juego, espero lo disfrutes. Me debo ir... mi amiga me espera. Cuídate mucho y no te portes mal.

Y mandando un gran beso desapareció.


Áddelos atravesó al lado de Áctis.

domingo, octubre 06, 2013

Reflexiones sobre el poder de un té

Soñaba que cantaba una canción que me gusta, pero como raro en el mundo onírico, en el instante exacto en que surcaba los límites entre realidad y fantasía me desperté cantando esa letra, para mi sorpresa la radio se había encendido y me había activado ciertas neuronas, tristemente no sé qué cantaba, lo que sí recuerdo es que me transmitía sentimientos de alegría. Adiós cualquier pensamiento importante o banal, son las 05:20 a.m. y me espera una jornada larga en la Universidad y en el trabajo hasta más allá de  la media noche del día de hoy.

La humanidad perdió el silencio sagrado y con él la reflexión y el pensamiento profundo que los sabios del pasado cuidaron con recelo. No nos debe sorprender que los padres de la Biblia hayan dado a los hombres un día sagrado para no hacer más que pensar en el Ser y en sí mismo. Pareciera que ya no nos importa y nos trae sin cuidado.

Rápidamente introduzco mi cuerpo desnudo en el chorro revitalizador que me despierta y alerta mi corporeidad. Salgo del baño con urgencia y mientras tanto pongo a calentar la cafetera para prepararme un té, pienso que necesitaré energía extra en el día, pues desde hace muchos años, cuando estaba mucho más joven- seguramente iniciando mi anhelada adultez-, no tenía clases a las 6 de la mañana. Seguramente afuera había bellos pajaritos cantando dulces y melodiosas tonadas, quizás el cielo se mostraba inquieto y adormecido, con algodones azulosos, rojizos y vibrantes morados. Sí me preguntas: ¡no sé, no me enteré... iba de afán!

Quizás en algunas ocasiones sea mejor tener una fe ciega en creencias abstractas que un conocimiento basto sobre química. Me tomé esa dosis de cafeína que alimenta mi cuerpo(sí afectar el sistema nervioso es nutritivo) con la mayor premura, incluso al agua caliente le eché fría de la llave para poder acabar rápido, recargarme e irme para la Universidad. En el camino, divagando en mis pensamientos me alarmé. ¿Cómo es posible que haya alimentado sólo mi cuerpo, sin tener en cuenta darle vida a mi espíritu?


Un té le da a tu cuerpo antioxidantes para combatir el cáncer y el envejecimiento celular, da energía a través de la cafeína inyectada en tu organismo, le da estado de alerta y acelera tu metabolismo para que quemes más grasa dañina del mismo. Cuando lo tomas en tus manos, te enarbola el cálido beso que transmite el recipiente portador del mismo... te acaricia la piel... sólo hace falta un sorbo para que te estremezca tu cuello y excite la lengua, no queriendo parar nunca de beberlo... Alimenta tu espíritu, pues detiene en un instante el divagar mental que mantenemos y te asienta en el presente, definitivamente te hace sonreír... une tu forma con el ser en sí, donde no hay formas ni separación, te aliena con tu existir. No obstante, he ahí el problema, somos ilusos tratando de alimentar solamente el cuerpo cuando éste y el espíritu están íntimamente ligados: ¿cómo separar el derecho y el revés?... pero sí son distintos en esencia, tan irreconciliables, pero tan inseparables...



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sábado, octubre 05, 2013

Tertulia sobre un pene y las ánimas del purgatorio



-¡Los hombres son unos perros!; en los pueblos, creen que todas las viudas son unas prostitutas. Las persiguen los solteros y hasta los casados –me dijo Isabel mientras se limpiaba una lágrima que corría por su mejilla, inquiriendo: ¿Se me dañó el maquillaje? Hablaba con el corazón en su mano, mientras Dora y yo sentíamos la conexión de las almas cuando se abren y entregan todo su amor.

Éramos tres espíritus que departíamos en una noche mágica bajo la luz natural de las estrellas y las galaxias; y en el fondo se perfilaba la Iglesia, iluminada por luz artificial. Ese morado azuloso que reflejaban sus ladrillos contrastaba bien con los verdes y amarillos que iluminaban las luces del parque principal. Estábamos bajo la sombra de un magnolio de flores blancas que parecía estar pendiente de nuestra tertulia, pues esas flores grandes, esponjosas y olorosas son admiradas por quienes visitan ese terruño; pocos lugares pueden contar que les haya prendido un magnolio al frente del Templo Parroquial. Incluso hasta dos perros callejeros, al percatarse que las arepas de chócolo con ensalada y el chorizo de Dora no eran para ellos, optaron por sentir algo de ese calor humano que transmite una voz cálida y parecía que respiraban al unísono de la conversación.

Magnolio de Entrerríos


Muchos años atrás, en un frío municipio cercano a la meseta de los osos, al norte de Antioquia, se mecía un gran yarumo blanco sembrado en el parque principal de este lomudo y fabuloso municipio. El viento parecía jugar con sus hojas mientras una luna plateada reflejaba todo su esplendor. Sus hojas grisáceas determinaban un sinfín de características que daban a la región todo el encanto y la magia de los pueblos antioqueños. Aquella noche umbría auguraba sólo malos presagios para la familia Rodríguez López. Esa noche enviudó su madre y con gran tesón y sufrimiento sacó adelante a sus cuatro hijos.

Los yarumos fueron testigos de las incontables veces que tuvo que levantarse Aliria a las 4 de la mañana para lavar ropa ajena con el fin de sacar adelante a sus hijos, pagarles comida y educación, desgastarse su vida y juventud bajo la compañía de la lluvia y un par de turpiales. Varias noches a la semana, también bajo la sombra de los yarumos se quedó hasta altas horas de la noche barriendo la calle para llevar algo de comida extra a su humilde hogar.


http://poesiadiamundial2q.blogspot.com/2013/06/yarumos-texto-de-julian-chica-cardona.html

Sí los yarumos pudieran hablar la hubieran advertido la noche que bajo su sombra grisácea y plateada dos borrachos hablaban de negociar su celo y maternidad. Uno de ellos fue más allá y quiso pagarle por mercancía que Aliria no vendía y que definitivamente impactó a Isabel aquella noche, cuando era apenas una niña. Llegó a su casa a las afueras del pueblo aquel malicioso borracho con las hormonas alborotadas tras degustar cervezas y aguardientes. No era el primer hombre que asociaba viuda con mujer libertina y que quería satisfacer su sexualidad como fuera. Llamó a la puerta con alevosía y la madera de comino reflejaba bellamente la luz de la luna y las estrellas, pues recién habían cortado la electricidad por exceso de pago a la familia de Aliria. Al ver que no respondían y notando una hendidura en la puerta introdujo su miembro viril por ésta mientras que gritaba solicitando servicios que no le iban a ofrecer. Esta imagen conmocionó a una niña de 7 años que se escondía bajo las enaguas de su madre.

-¡Ánimas benditas! ¡No me desamparen y por favor cuídenme de estos hombres! –Gimió escondida Aliria mientras veía esa escena por primera vez en su vida. Nunca antes ninguno de los tantos hombres que la pretendían y le insinuaban que dejase de lavar ropa ajena y de barrer la calle por hacerles favores sexuales se había atrevido a tanto.

Inmediatamente invocó a las ánimas con mucha fe se escuchó un montón de gente caminando por la carretera como próximos a aparecerse en su casa y el borracho al pensar que estaban llegando los vecinos de Aliria salió como alma que lleva el diablo.


Cuenta Isabel, con todo el respeto del caso, terminando de morder su arepa de chócolo con ensalada y salsas, que cada vez que un hombre llegaba a su casa con esas intenciones su santa madre invocaba a las ánimas y éstas se manifestaban con ruido, pasos y voces, para ahuyentar a todo aquel que quisiera sobrepasarse.
El día de la inspiración...

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domingo, abril 28, 2013

El valor de la vida humana según Coopetransa

Era un jueves cualquiera. Un día como este, hace 128 años nació Sinclair Lewis, el primer ganador del Premio Nobel de Literatura de los Estados Unidos. Mientras unos nacen, otros mueren. Por poco mi lápida funeral tenía esta fecha: 7 de febrero de 2013

Lo primero que hice ese día viajando de Entrerríos a Medellín fue conversar con una joven que estaba sentada en el asiento de al lado, ella me conocía de un par de meses atrás, pero para mí era como si fuera la primera vez. Ella recuerda que nos conocimos en el paseo de la Cooperativa a los tamarindos de diciembre, que incluso iba en el asiento del lado, pero como yo estaba concentrado en la cleptómana del filo y en otro detalle no me di por enterado de su presencia.

Para no intentar hacer literatura fina a partir de experiencias tan traumáticas y críticas, procedo con mi queja pública nombrando las infracciones de tránsito, de ética, de moral, etc. que cometió este pelao conductor en menos de 10 minutos, todo lo ulterior antes de llegar al parador que llaman la Fonda de Lucio:

Ese conductor estaba:

1.      Contando un fajo de billetes mientras conducía para entregarle a un amigo o copiloto.
2.      Enviando mensajes por pin blackberry mientras conducía, con una densa neblina de fondo, la cual no permite ver más allá de la nariz.
3.      Contestando el celular mientras manejaba, hablando con personas a diestra y siniestra.
4.      Comiendo Dunkin Donuts mientras es responsable de más de 20 vidas.
5.      Cantando música a todo volumen mientras hace todo lo anterior, cogiendo las curvas cerradas a toda velocidad

Fue un milagro que no le dio por fumar en el bus. Sería el colmo, pero lo primero que hizo al bajarse del bus en San Pedro fue hacerlo.

Cuando yo vaya a viajar nuevamente pensaré sí me ahorro 1000 pesos de pasaje o 1000 meses de vida

¿Qué opinan?


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sábado, abril 13, 2013

domingo, abril 07, 2013

SPERANZA DI VITA IN UN CONTESTO DI MORTE

Egli cercava dare un senso alla sua vita. Egli indagava come un detective fino alla più minima traccia che lo potesse condurre verso il fine stesso della sua esistenza. Magari potesse persuadere molti che il mondo era molto più che la nausea ed il caos che imperava nella mente della maggioranza. Assorto stava nelle sue elucubrazioni mentali, mentre i suoi colleghi greci dell'isola di Lesbos ridevano a crepapelle godendosi il giorno di sospensione dal lavoro di una di esse. 
- Alex! ci è mancata la cosa più importante da comprare. Per favore provvedi per la cipolla. Prestami 500 pesos, io ti do questi - disse Gabriella mentre mostrava una brillante e rilucente moneta -. 
- Chiaro, Gabriella. Non c'è problema. Io te le regalo. Bene, le compro per tutti. Che sia la mia parte per la colazione ed il pranzo. 
Camminò con fretta ed anche con interesse di conoscere in profondità che servizi potesse utilizzare un giorno in questo nuovo vicinato. Si rese conto della realtà imperante. Egli voleva cercare motivi per vivere, ma la morte lo impressionava. Esagerando un po', uno quasi quasi poteva dire che c'erano più morti che vivi per strada, perché ad ogni lato che guardava c'era un'impresa di pompe funebri differente, ognuna più sacra e diafana della precedente, con carri blindati, finestre care e lussuose, marmo ovunque, camere di veglia e tecnologia. Qualcosa sì aveva chiaro: non avrebbe utilizzato quei servizi per molto tempo, andava appena per la quarta parte della vita media. 
Un rintocco forte e costante ruppe la sua confusione mentale, benché attorno c'era un intenso movimento di persone che non cessavano di produrre rumore. "Tra cielo e terra non c'è niente nuovo", l'autore dell'Ecclesiaste era nel giusto, la sua impressione era la stessa di Alex nel vocio del centro della città di Medellin. 
Attraversò varie strade mentre pensava tante cose. La mente è inarrestabile. Ci colpiscono ogni giorno 65000 pensieri. Un autobus di Bello quasi lo manda all'impresa di pompe funebri, ma in una città grande questo non è raro. Ogni giorno uno si trova molte volte di fronte  alla morte. Rimettendosi dal getto di adrenalina attraversò il parco dove c'erano barboni, mendicanti, conducenti d'autobus, venditori, studenti e perfino giocatori di poker. Ricordò il suo amico Socrate che una volta gli disse: La cosa buona dell'intelligenza è che è portatile; vedendo i giocatori di carte che si ingegnavano a divertirsi e guadagnare denaro contando con grani di fagiolo. Nonostante, quello non era per lui. Sicuramente morirebbe senza imparare a giocare a carte, e quello lo attraeva senza attenzione. 
Arrivando alla frutteria, come gli insegnarono a chiamare i negozi di frutta e verdure nella sua infanzia, vide tre donne trascurate ed in apparenza grossolane che servivano. Aveva dimenticato la sua infanzia, la sua mente prendeva già altre rotte. Quanto aveva cambiato negli ultimi anni. Tre giorni fa aveva letto accanitamente un scambio di lettere con Socrate ed il suo amico L'Ingegnere, e non credeva che un giorno egli sarebbe stato tanto differente. 
- Buon giorno, per favore mi vende un sacchetto di cipolle - Che cosa hanno di buono?, gli sembrò leggere il viso alla donna grassoccia, con viso di cipolla ed agli. Ella gli mostrò la cipolla e gli chiese che scegliesse, per potere continuare la piacevole chiacchierata con le sue colleghe. 
- Quando giungemmo dove avevano coperto già il barbone, non potemmo vederlo. Disse una donna sovrappeso con voce di stanchezza e noia. 
- Lo violarono perfino alle spalle. Non gli rimase niente senza ferite. Rispose la più bionda delle tre. 
- Quello non è niente. Io almeno vidi quello che l'autobus aveva investito. Non gli era rimasto niente di sano. Mi diede perfino voglia di vomitare appena arrivai, disse la grassa, mettendosi una sigaretta nella bocca. 
Con quei commenti Alex attonito non voleva ormai neanche mangiare, per che motivo farlo… 
Le donne seguivano la loro vivace chiacchierata, a tal punto che inoltrandosi nel futuro uno poteva immaginarsele come teschi fumatori. Il metro passava pieno di futuri morti, perfino le verdure perdevano la loro vita e prendevano un putrefatto colore. 
Alex scelse le cipolle più grosse e pulite senza terra che trovò, pagò i 1000 pesos e si propose intraprendere il ritorno. 
- Sempre per servirlo. Disse la bionda pettoruta, tirando fuori una forma di umanità, o di ipocrisia nelle relazioni umane. Perché l'unica cosa che le interessava era portar qualcosa da mangiare ai suoi figli, mantenere la sua casa, senza dare importanza al lavoro da svolgere. 
Alex si rinchiuse in sé. Per lo meno in quel posto senza spazio i suoi pensieri avevano senso. Qualcosa poteva fare per cambiare il suo ambiente. Incominciò la sua strada, lasciando alle sue spalle un mondo pieno di piccolezze, di impressioni, di impulsi barbari e di futuri morti. Egli  aveva ancora molto da vivere.


Mil gracias a mi amigo de Bríndisi-Italia: Rosario Vasta, por la traducción.

El autor

Espero sus comentarios en:
lufergil1987@gmail.com

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jueves, enero 31, 2013

MI PRIMER POEMA EN AÑOS...


Recordando el día en que supe distinguir un poema de una lista de mercado...


¡Ay amigos de mis pubescencias! ¡Cuánta falta me hacen!



Me gusta estar conmigo mismo,
en la brevedad del amanecer de verano,
protegido por la oscuridad sonrojada
ante lo inevitable de la mañana.

Ver la montaña perfilada
e imaginarme un poderoso sol
ante el silente valle,
latente por ser tibiado.

Las montañas enteras titilan tal luciérnagas
con sus barrios cuajados de construcciones,

allá alto en la cumbre difuminada y esbozada

un arco iris turquesa tiembla por mostrarse.

Muy profundo en las fauces del gran valle
me hallo sentado en un balcón... inmutable,
bebiendo una taza de café: mudo,
y de tal hervor de sangre: absorto.

Las pequeñas golondrinas surcan los cielos
con tal pasión que vibran...
mientras un cielo acuarelado,
renace en mí el alma de poeta.

Qué misterios tan recónditos
se esconden en la perfección del círculo,
una media luna creciente junto a una estrella
mueren en el intento de alumbrar más que el sol... por hoy.

Mientras tanto, yo aquí en el call center
rememoro este dulce amanecer,
mientras atiendo clientes y cotizo viajes
en este día exacerbante de belleza sin igual.
Iluminado por radiación artificial,
conectado al teléfono cual cordón umbilical,
con aire acondicionado, sintiendo frío
para ganarme el pan de cada día.


Como ya no tengo tiempo para dármelas de poeta (están entrando llamadas más seguido, los lapsos entre llamada son muy cortos para emocionarme, pensar, conectar palabras), la prosa sí es más permisiva y me autoriza a recordar con vívida memoria los tintes morados, rojizos, como piedras preciosas que se dieron contrastando con el azul insondable del cielo.

¿Será que lo hice bien? Espero sus comentarios...


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