Regresamos de Bogotá a nuestras respectivas casas con sensación de separación, y no lo digo por hablar poéticamente, sino porque algunos amigos con los que hablé por Internet me lo contaron. Se sentían vacíos y separados, pero eso sucede… y hay que echarlo al olvido.
Cuando regresé a mi casa el 9 de junio de 2006 todos los conocidos me empezaron a preguntar que cuándo me iba para México, y yo les respondía que en Septiembre –pues en Bogotá había escuchado un comentario a no se quién que el viaje era en dicho mes-. Así que se llegó Septiembre y Octubre, y parecía que el viaje nunca se llegaría. Continué con mi amigo el Internet buscando información sobre el viaje, y en una de tantas pulsaciones del teclado encontré una blog o página personal de una emisora del estado mexicano de Morelia, en la cual participaban con sus comentarios algunos ganadores de dicho estado. Sin embargo, llegó un momento en el cual dicha página no volvió a cargar, hasta que recibí una llamada de Bogotá en la cual me informaban las fechas del viaje y el papeleo necesario para la visa y lo demás.
Se llegó el día de viajar de nuevo a Bogotá y en esta ocasión yo ya sentía que llevaba todo la vida viajando en avión, lo digo porque la primera vez que viajé a Bogotá fue en una noche en un ómnibus –como decía una amiga cubana que conocí en México, refiriéndose a lo que nosotros llamamos bus-, viajando como ocho o diez horas, en las cuales no pude dormir nada en ninguna posición. El viaje fue un jueves, y al día siguiente teníamos la cita en la Embajada de México para pedir la Visa de Turista, para tan mala suerte que el Embajador de México estaba fuera del país, y la señora que nos atendió… resumiendo… nos dijo que como no cumplíamos los requisitos para el documento y que como ella no sabía nada del concurso, simple y llanamente teníamos que volver otro día con cita para la Visa. Nosotros nos quedamos todos pasmados, ya que ahí morían las esperanzas, pues ese domingo siguiente era el viaje, y yo pensé que en México no iban a suspender el viaje de 150 ganadores por nosotros no asistir. Lo bueno fue que Liz, la representante del concurso llamó inmediatamente al Gerente del Fondo de Cultura Económica, el cual llamó al Embajador, y éste último a la encargada de las Visas, -antes de tan mala actitud- no más le tocó sonreír y decir que ya recordaba nuestras Visas.
Ese sábado siguiente estuvimos en Mundo Aventura montando en todas las atracciones mecánicas del parque, finalizando con los perros calientes más deliciosos que habíamos probado en nuestras vidas.
Al día siguiente estuvimos en el aeropuerto muy madrugaditos para emprender el viaje, como tres horas antes de la salida. Recuerdo del aeropuerto el delicioso olor del café colombiano, el cual me hizo recordar que las panaderías tienen horas pico en las cuales activan los olores para que uno se antoje, y allí todos esos pasadizos hacia el avión olían a puro café colombiano, ¡qué olor! Muy diferente al sabor del café mexicano que nos dieron en el avión. Después de revisarnos hasta los dientes volamos hacia México. El día estuvo espléndido, de esos días en que uno se siente Uno con el Ser, como lo digo en mi reseña. El único error que cometí ese día fue no haber pedido ventanilla para poder mirar todo el paisaje alrededor que nos engullía. Lo único que perdonó mi error fue que Liz cambió conmigo de puesto durante media hora, en la cual me pude deleitar sintiéndome pequeño respecto a los 12.740 kilómetros de diámetro terrestre. Otra cosa que haré en un próximo viaje es investigar por qué ciudades pasa el vuelo, ya que en Centro América me percaté de una ciudad grandísima al lado de un lago, y no supe hasta mucho después del viaje. Ya faltando como una hora de vuelo me di cuenta que el terreno había cambiado por completo, no habían casi montañas, de vez en cuando un volcán y se podía uno percatar que el hombre ya había puesto sus "manotas"… no como en mi país, que el suelo era verde, sino árido, y amarillo.
La emoción fue mayúscula cuando el Piloto del avión anunció que íbamos a descender, y la tristeza también lo fue al mirar el color de las nubes y la troposfera: un color característico de la polución y la contaminación. No obstante, ello se me olvidó inmediatamente al sentirnos en México. No podíamos creer que estuviéramos en el país Azteca, inclusive nos quedamos unos minutos sentados antes de hacer "cola" –como decían los mexicanos- para ir a inmigración. Seguidamente pasamos a la fila al lado de una asiática gringa, con la cual entablamos una simpática conversación pasajera en inglés, a veces nos entendíamos y otras veces no. Luego pasamos por nuestras maletas y empezamos a ver cosas raras en las vitrinas que nos afirmaban que estábamos lejos de nuestra Colombia, y los policías de aduana nos revisaron hasta dientes, y nos mirábamos embelezados sintiéndonos "raros" por nuestro acento.
Otras impresiones en Ciudad de México fueron las vallas publicitarias más grande que los edificios que las cargaban a diestra y siniestra, los grafitis en todas las paredes y los puentes tan grandes que se alzaban como colosos sobre las avenidas. El conductor que nos llevaba al hotel nos dijo que la publicidad fue lo que más asombró a los cubanos, ya que en su sistema: construcción del socialismo –como nos corrigió un amigo cubano- parece que no había publicidad.
El hotel era majestuoso y en su primer piso o Planta Baja, como lo enumeraban vimos una cultura distinta a la nuestra, debido a los altares que los mexicanos tienen a sus difuntos. Había calaveritas de dulce, frutas, obsequios, presentes y otras cosas en su culto a los muertos. Ese domingo en la tarde pasé varias horas en la habitación tratando de descifrar lo que me decía mi compañero de habitación de Mérida, Yucatán, que hablaba en un mexicano más distinto a los otros. De él recuerdo la cordialidad y la amistad mexicana. Otro rato de esa misma tarde me lo pasé sin saber qué hacer…no sabía si desempacar mi maleta, o mirar por la ventana hacia el Centro Comercial del frente o enloquecerme, me sentí muy raro, es una sensación no agradable que no sé cómo describir. Bueno, pero la impresión se fue esa misma tarde que pasamos al Centro Comercial del frente, para aprender todo lo que pudiéramos saber sobre este nuevo mundo. El dinero, la gente, el acento, las comidas… todo era raro para nosotros, pero lo peor era que los raros éramos nosotros.
Esa misma noche del domingo fue la Cena de Bienvenida, aunque nos la imaginábamos más protocolaria, sin embargo, fue de nuestro gusto, pues fue la primera impresión culinaria del viaje. Yo por ejemplo, me serví mucha comida de toda la que nos exhibía el buffet, no obstante, luego me propuse seguir haciéndolo pero una cucharadita pequeña de cada cosa. Y esa misma noche recibimos nuestra primera enseñanza mexicana, ellos llaman a las tres comidas del día: desayuno, comida y cena, a lo que nosotros llamamos desayuno, almuerzo y comida, aunque la comida sí la asociamos también con cena, puesto que muchas de nuestras novelas en Colombia son producciones mexicanas. Al final de la semana ya asociábamos comida con almuerzo y hasta nos expresábamos con éste primer término.
Ese lunes visitamos en la mañana Los Pinos, donde vive el presidente mexicano Vicente Fox, y esa tarde los de Colombia nos fuimos para Xochimilco para sentirnos más mexicanos, mientras que los otros concursantes se fueron a cambiar unos bonos de dinero de su premiación. Esa misma tarde, como a las 6:30 visitamos el imponente Edificio Matriz del Fondo en México, junto la librería y la biblioteca.
El lunes en la mañana, después del desayuno, esperando el ascensor, nos hicimos súper amigos de un biólogo mexicano muy especial, el cual nos adoptó durante toda la estadía en Ciudad de México. Adrián nos sirvió de guía durante todos los recorridos y gracias a él nos llevamos una muy buena impresión de la gente.
Al martes siguiente fue la premiación del concurso, tanto nacional como iberoamericano. Recuerdo especialmente las pinturas de Diego Rivera, y las asocio con las del Maestro Pedro Nel Gómez. Luego de la premiación visitamos el Centro de México, la Catedral, la Virgen de Guadalupe, Tenochtitlan. Esa misma tarde estuvo programada una visita a la Imprenta y también visitamos Six Flags, y nos montamos en los juegos mecánicos más grandes de toda Lationoamérica. La adrenalina fue increíble.
Al día siguiente, muy temprano en la madrugada, como visita de los de Colombia y Adrián, montamos en el metro de México D.F… me dejó apabullado comparándolo con el de mi ciudad: Medellín. También visitamos la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México , la más grande del mundo), algunos lugares que no estaban programados en las visitas del Concurso, como la Torre de la Rectoría y la más espectacular Biblioteca que haya conocido; sus dibujos externos la hacen única. Me impresionó mucho que tuviera rutas internas de buses por toda la Ciudad Universitaria.
El miércoles en la mañana visitamos el Jardín Botánico de la UNAM, en donde pasamos en menos de cinco minutos de los bosques andinos, a la selva tropical en el invernadero, e inmediatamente a los áridos desiertos mexicanos. Y me impresionó mucho saber que en 15 años si México continúa utilizando sus recursos hídricos como lo ha hecho se va a quedar sin agua, seguido por todos nuestros países. Además conocer los datos estadísticos de la cantidad tan exorbitante de frutas y verduras que consumían los antepasados mexicanos diariamente, y a las cuatro que actualmente hacen parte de su dieta. Además de las plantas que se están extinguiendo. Esa misma tarde visitamos Universum, algo así como Maloka en Colombia, un lugar donde la Ciencia, la Investigación y la Tecnología van de la mano.
El día siguiente fue el más impactante de toda la semana. Las pirámides de Teotihuacan, Patrimonio de la Humanidad. Es difícil de describir: imponencia, altivez, desarrollo, ciencia, en fin… me quedo corto para contar lo visto. Nos parecía increíble que antes del Encuentro entre América y Europa, existieran ciudades tan gigantes, tan desarrolladas, con canales perfectos para la evacuación de las aguas negras, cuando en Europa no los tenían. Además nos impactó ubicarnos en pirámide de la luna con una brújula y medir la precisión con que los antepasados habían construido las pirámides, la pirámide del sol hacia el oriente y todas las otras exactamente ubicadas. Ese jueves en la noche hicimos una Fiesta de despedida en donde recogí un 30% de los correos electrónicos de los ganadores del concurso a nivel Iberoamericano, hubo baile, comida, fiesta, etc. La comida estaba exquisita porque fueron enchiladas, tacos, burritos, comida picante, y una sopa muy rara de calabaza, que me dijeron que tenían que cortarla a las tres de la madrugada para que diera el punto, o el sabor. Ya sentíamos la proximidad del regreso y eso nos asustaba.
Al día siguiente la despedida con todos los ya amigos fue triste. El vuelo de esa tarde fue más relajado: dormimos, comimos –bueno, almorzamos como se dice en Colombia-, miramos por la ventana, vimos cine, tomamos fotografías, brindamos, practicamos inglés con unos niños afro descendientes americanos que iban hacia la isla colombiana de San Andrés a visitar a su abuela, pero no sabían nada de español, etc.
Para finalizar, esa fue la experiencia que nos regaló el Fondo de Cultura Económica y su Concurso. Ya sólo queda esperar a reencontrarnos en México en dos años en el próximo Concurso en donde ya puedo participar en la Categoría C de Ensayo, y decidirme por cual de éstos 15 libros físicos leo o éstos 47 libros de la colección que tengo en CD.
Por último, espero que estas 749 fotos que tomé nunca me hagan olvidar la experiencia.
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