El primer libro que publicaré será:

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domingo, junio 19, 2016

RECORDANDO! #FiestaLibro Así recibió Medellín 2014 a GARDEAZÁBAL


miércoles, julio 23, 2014

LA MISA HA TERMINADO DE GUSTAVO ÁLVAREZ GARDEAZÁBAL


Luis Fernando Gil Monsalve[1]
Historiador
Cronista de de los periódicos EPICENTRO y LA CALLE, 
las revistas EGOCITY MAGAZINE y CONEXIÓN.
Consejero de Cultura, Medellín-Colombia
lufergil1987@gmail.com


“Un libro debe hurgar en las heridas, provocarlas incluso. Un libro debe ser un peligro” Emil Ciorán



El último libro del polémico escritor vallecaucano Gustavo Álvarez Gardeazábal, La misa ha terminado (Ite missa est), está en el ojo del huracán desde su lanzamiento oficial hace poco más de tres meses, y es que desde aquel primero de febrero pasado no ha dejado una semana sin provocar escándalo y controversia. Para muestra, su provocadora e irreverente novela puntea el ápice de los libros más vendidos en el país, por más de 8 semanas consecutivas.

Aún sin leer el libro, ya se rumoraba para finales de enero, que una hecatombe de proporciones bíblicas se venía contra la Iglesia Católica; que centuria tras centuria de sodomía finalmente iba a destaparse, y que finalmente este prolífico autor se las iba a cobrar completas a la Iglesia, como lo hizo Fernando Vallejo con su  obra La puta de Babilonia. Pues bien, por las redes sociales seguí el lanzamiento de La misa desde Cartagena, ya que a pesar de ser promocionado en pleno Hay Festival, éste nunca ha invitado al autor de Cóndores no entierran todos los días; contrastando con el protocolo del evento paralelo, el escritor llegó al restaurante El portón de San Sebastián (santo patrono de los homosexuales) vestido con una colorida papayera, mientras al son de la música, hombres en zancos, malabaristas y piromaníacos que escupían llamas desfilaban ante cientos de curiosos e invitados. Muchos de los cuales recibieron uno de los más de 500 ejemplares que el novelista destinó para regalar esa noche. ¡Qué hubiera dado por estar ahí! No obstante, le escribí al autor felicitándolo por su proeza y sin conocerme, me envió a vuelta de correo un ejemplar autografiado.




Este tulueño pintó una historia de poder, amor y muerte en los escenarios más sagrados de occidente, dentro de la jerarquía eclesiástica, rompiendo tabúes y paradigmas que la Iglesia ha conservado contra todo pronóstico como misterios teologales.


Muchos colombianos estarán identificados con el lenguaje directo y sin tapujos que utiliza Gardeazábal. Llamando las cosas por su nombre, entreteje varias historias, -viajando y regresando en el tiempo a su antojo-, para presentar la vida de dos curas homosexuales que contratan un sicario, ante su incapacidad de continuar una vida con Sida, hecho histórico que escandalizó al país en 2012, de donde seguramente tomó este literato este par de personajes; la historia del Cardenal colombiano Casimiro Rangel que asciende escalones dentro de la Iglesia haciéndole sexo oral al clero alemán, y la de su compañero y apoyo y médico personal; finalmente, unida a la historia del obispo de Argentina, Antonio Viazza (¿el Papa Bergoglio?) que al contrario de Casimiro persigue dentro de su jurisdicción a todos los sacerdotes aflautados.


Hace un par de meses le pregunté a un amigo seminarista sí era cierto que el 50% de los curas eran homosexuales, éste sorprendido me relacionó: ¡Hum! Luisfer, por ahí pasó la cuenta… yo diría que el 80%...

Finalmente, para no dañarles el final de la historia, les invito a leer el libro, para que se enteren cómo en un universo paralelo un Cardenal colombiano logró traer al Señor de los Milagros de Buga al Papa Benedicto XVI y cómo se perfiló para ser el primer Papa colombiano, y su trágico final. Sólo les cuento que desde que leía Harry Potter y El Señor de los anillos a mis catorce años no me leía una obra tan asiduamente, la que terminé en un par de días.


Esta obra publicada cuidadosamente por Ediciones UNAULA la dedicó el literato así: “A la memoria de Fernando Molano, el gran escritor que iba a tener este país”, autor reconocido por escribir Un beso de Dick  y de forma póstuma Vista desde una acera, dos textos homoeróticos de la realidad colombiana.

Para el autor es destacable el hecho de que algunas universidades están usando su obra para investigaciones, como la Luis Amigó y aparte de los muchos reportajes en toda suerte de periódicos y publicaciones su misa ha sido embrión para otros libros como La misa de Gardeazábal ¿genialidad o blasfemia?, por Joan Manuel Largo, historiador que hizo el comentario de contraportada: “Desde los días de la hegemonía del culto católico, el libro nos trae hasta hoy,, donde el impulso vital de muchos siervos de dios no es la vocación sino el goce del cuerpo. Quienes puedan leer el libro (aquellos que lleguen a la última página sin el deseo de armar una hoguera y arrojarlo allí) no podrán negar su rigor. La novela es un retrato exacto y atrevido, mordaz y sincero: sólo la muerte purifica el pecado.”









[1] Ganador del Concurso Leamos la Ciencia para Todos, 2004-2006, del Fondo de Cultura Económica, Categoría Reseña Crítica.

lunes, junio 16, 2014

Última Reseña

Hola!
Les comparto mi última reseña crítica, publicada en Ego City Magazine esta semana páginas 24 y 25, sobre la polémica novela de Gardeazábal, La misa ha terminado:

http://www.egocitymgz.com/revista/edicion2/revista-4.html

Saludos

viernes, mayo 23, 2014

Sobre La misa ha terminado, de Gustavo Álvarez Gardeazábal!

Que nadie vuelva a creerse dueño de la verdad

"Tan sólo no me acostumbro a la vulgaridad con que este mundo le manda a los perseguidos sus zarpazos de perro ciego"
                                                                                                                                                           Fernando Molano, Vista desde una acera

El primero de febrero a las ocho de la noche en Cartagena de Indias, Gustavo Álvarez Gardeazábal hizo el lanzamiento de su nueva novela La Misa ha terminado (Ite missa est). Lo hizo de modo paralelo al Hay Festival, un evento al que nunca ha sido invitado ya que, como el mismo afirma: toda la vida ha sido un escritor vetado. Con todo ese acartonamiento y esterilidad del Hay Festival, la presentación del libro de Gardeazábal hizo un gran contraste: el escritor llegó desfilando con una papayera, hombres en zancos, malabaristas, y hasta hombres que escupían fuego. Para muchos ésta es la constatación de que el autor de la insuperable Cóndores no entierran todos los días ha regresado a la literatura.

Antes del lanzamiento se pudieron leer varias manifestaciones acerca del libro; algunas muy emotivas, otras bastante preocupadas. Después de numerosos libros escritos por Gardeazábal, donde se aborda desde la violencia partidista de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, hasta el fenómeno paramilitar de las últimas décadas, la oportunidad, esta vez, fue para la Iglesia Católica. Armado de su contundencia de narrador, del desparpajo de su prosa pantagruélica, de su halo de iluminado que lo acompaña desde que trabaja como periodista, el gran novelista vallecaucano quiso retratar una historia de amor, poder y muerte, en los escenarios poco concurridos de la cotidianidad de la jerarquía eclesiástica. Esta nueva novela, que se publica con el sello editorial de la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín, en una muy cuidada y bella edición, nos recuerda la fuerza casi demente de libros tan gratos como El Bazar de los Idiotas y El Divino, en las que el autor hilvanaba unas historias sorprendentes entrecruzando miradas, decires y posturas. Algunos llamarían a esa magia narrativa Polifonía: el narrador de tercera persona cede su voz al que dice yo, y hasta hay espacios para cartas y epístolas, donde el autor defiende su entramado de ficción.

¿Ficción? Cómo hablar simplemente de ficción frente a la obra de un autor que le enseñó a sus lectores a buscar nombres propios y lugares reales en la urdimbre de su escritura. El país, sus figuras y sus más importantes momentos han desfilado por las novelas de Gardeazábal: Pepe Botellas, El titiritero, Comandante Paraíso. Entonces delimitar esa línea odiosa que separa realidad y ficción es una labor difícil y banal para la obra del escritor de Tuluá; él no ha tenido que subir a la estratósfera y abstraerse de la historia del país y la región para escribir sus libros, todo lo contrario: ha sido un observador agudo y tenaz del aparatoso desarrollo de nuestra sociedad, y ha logrado retratar de esa manera firmes y singulares explicaciones para el caos en que vivimos.

La Misa ha terminado empieza su periplo con la descripción del personaje central, Martín Ramírez, que “Más parecía un langaruto famélico de las tierras desérticas del África, que el hijo de la robusta señora Urrea, quien cuando lo cogió entre sus brazos después del parto, vaticinó su futuro: ‘este muchachito parece completado con orines’”. Y desde ahí, desde la primera página, encontramos un lenguaje que caracteriza la escritura del autor; una narración sin tapujos que revela los pensamientos, resabiados y virtuosos, de los colombianos. Muchos preferirían un lenguaje adornado y artificial, decires y diálogos de melodrama televisivo, recursos prosaicamente rimbombantes al mejor estilo de Vargas Vila. Pero no, este escritor -que según muchas señoras “no respeta a nada ni a nadie”- siempre ha preferido llamar a las cosas por su nombre, escarbar en las vetas de la sabiduría popular para retratarnos como lo que realmente somos.

Van apareciendo en seguida otros personajes como Rogelio Briceño, un muchacho del campo que resulta viviendo en la casa de su próspero tío en Tuluá para estudiar con los salesianos; Casimiro Rangel, un aspirante a obispo, de carrera efervescente y una influencia desbordante parapetada en sus dones y atributos entre sábanas; Antonio Viazzo, un argentino austero y con principios inquebrantables que quiere librar a la Iglesia del pecado contra natura así como Cristo sacó a los mercaderes del templo, a latigazos. Y uno ante descripciones tan particulares, no puede imaginarse de entrada que todos estos hombres terminen luego siendo las cabezas de esa hidra olorosa a incienso que ha sido la Iglesia Católica, apostólica y romana.

Junto a los desplazamientos y transformaciones de estos personajes una voz, la del autor, acompaña al lector en una revisión sesuda y generosa del culto católico. Pero no es un renegar mezquino, como esperarían muchos, sino un retrato complejo y justo. Reminiscencias de los tiempos donde el culto dominical era ineluctable, y exigía toda su parafernalia de latín y ceremonias, de sotanas y misas donde el sacerdote daba la espalda a los feligreses. Cuando había que comulgar y confesarse para obtener la salvación, cuando la que imperaba era la moral del pecado y “Había que amargarse para recibir el premio de la gloria eterna al final de la vida”.

Martín Ramírez, sin muchas razones, decide matricularse en el seminario de Palmira para hacerse sacerdote, desde luego que no es la vocación ni su amor a Cristo el que lo conducen, más bien lo acompaña una turbulenta pasión sexual. Rogelio se enamora de Martín, y es impulsado por ese desaforado deseo que también termina metido en un seminario. Casimiro escala rápidamente en la jerarquía de la Iglesia, pero no lo hace por su fe y entrega a Dios, sino por las ansias de poder, valiéndose del placer que les puede proporcionar a otros jerarcas católicos, siempre de más edad y más altura en el poder. Acostándose con los obispos y cardenales que más le convienen, este hombre se llena de poder, y cumple su sueño de llegar a ser cardenal. Sin embargo, en los años finales de su vida se enamora de un estudiante de medicina, que también apelará al placer sexual como herramienta para sobresalir en la vida. Cómo se puede ver no es la vocación religiosa lo que mueve a estos hombres, si no su desbordado apetito sexual. El opuesto a estos ejemplos de la perdición, para los católicos observantes, es Antonio Viazzo, que de modo paralelo a los sacerdotes homosexuales emprende toda una campaña para extirpar de la iglesia este nefasto vicio, o como dice el autor: acabar con toda la “mariconería”.

En su espectacular y efervescente subida Casimiro logra traer al papa a la ciudad de Buga. Para esto se vale del apoyo de Martín y Rogelio y otro personaje, El Demente: un alucinado que conoce al dedillo los intríngulis de las tantas profecías sobre el final del mundo y la perdición de la Iglesia. Después del éxito de la visita papal, Martín y Rogelio son ordenados como curas, aun cuando les faltaba una parte de sus estudios; desde entonces Martín Ramírez se desboca, y de orgía en orgía va a lograr que su espectacular escalada se convierta en una tragedia. Martín y Rogelio, van a morir de amor, enfermos pero rebosantes de afecto deciden ponerle final a su existencia de un modo que nadie pudiera imaginarse y que le costaría a la Iglesia uno de sus más terribles (pero también mejor disimulados) escándalos. También el cardenal Casimiro se verá obligado a abandonar sus ambiciones y goces, y aceptar, como sus discípulos afeminados que “sólo la muerte purifica el pecado”.

Esta novela, esta nueva novela, ha confirmado que uno de los mejores escritores colombianos, el único que pudo sobrevivir a la sobreestimación y obnubilación que en su momento causó García Márquez, sigue tan vigente como siempre. Que sus intentos de cambiar la vida política del país, que para muchos críticos constituyeron su fracaso en el mundo de las letras, no son tales. Gardeazábal fue alcalde de su ciudad dos veces, cuando apenas se estrenó la elección popular de alcaldes, y así mismo llegó a ser el gobernador del Valle del Cauca, región que conoce como ningún otro; así pudo demostrar que conocía el arte del poder, que las críticas en sus novelas no eran simples elucubraciones intelectuales, sino la fiel y estructurada explicación de una realidad que para muchos sigue siendo apabullante. Cómo demostró que haciendo política podía llevarse la imaginación al poder, que era posible y conveniente y renovador el sueño de un novelista dirigiendo a su país, las élites de este país lo atajaron y le cerraron el paso. Por eso no es una frustración que este escritor haya sido perseguido y azotado por la mezquindad de muchos en este país, que nunca lo aceptaron como escritor -por no repetir los modos y mantener su propio estilo- y jamás quisieron creer en su pericia para hacer política -porque era escritor-. No es una frustración porque este libro nos revela, una vez más, su ingenio y su fuerza.

La Misa de Gardeazábal no es el libro para vender así como se venden los actuales escritores del país, tampoco para hacer esos descoloridos eventos intelectuales donde el esquematismo artrítico, de los que dicen que se lee y que no en este país, se convierte en sinónimo del ego y el clientelismo. El de Gardeazábal es el libro de un iconoclasta, de un crítico aguerrido que se ha empeñado en que su literatura no sea una cuestión de frases, sino de actitudes. La Misa ha terminado es el ejemplo divertido e inteligente de una lucha contra el dogmatismo en todas sus manifestaciones. Una historia escrita para que nadie vuelva a creerse dueño de la verdad.

Joan Manuel Largo, Historiador



Primera vez que publico en el blog un artículo o escrito no propio, sino de un amigo, ¿pero qué hago sí comparto todas sus palabras y mejor no lo puedo hacer?